Cuentitis aguda

lunes, enero 15, 2007

Las Hadas (I)

É
rase una vez una mujer viuda que tenía dos hijas: la mayor de ellas era "clavadita a la madre la pobre" y, como su progenitora, tenía tan mal carácter y era tan egoista y caprichosa que vivir con ella era todo un suplicio. La hija menor, sin embargo, tenía la personalidad del difunto padre y era dulce y amable, una joyita, vamos, y por si fuera poco, también era un bellezón. La madre adoraba a su hija mayor y tenía una tirria a la pequeña que no la podía ni ver, tanto era así que la hacía comer en la cocina y realizar todas las tareas del hogar mientras ella y la hija mayor se hacían la manicura y se esfoliaban (sus grandes aficiones).
Como en aquellos tiempos no había agua corriente, había que ir a por agua todos los días y como la encargada de esos menesteres en casa de la viuda era la hija menor, pues de eso también se encargaba. Y como vivían a tomar vientos, la chica se tenía que recorrer más de media legua para llegar a la fuente más cercana, llenar el cántaro de agua enorme para todo el día y volver a hacerse la media legua de vuelta. La chica tenía unas piernas que ni un corredor de maratón, y unos brazotes de Popeye de tanto levantar peso.
Un día que estaba la hija menor en la fuente, se le acercó una pobre anciana y le pidió que si le podría dar un poquito de agua porque con la artritis y la artrosis que tenía no podía acercarse a beber del caño. "Por supuesto, buena mujer" - dijo la chica, que llenó el cántaro de agua fresca y ayudó a la señora a beber de él. "Muchísimas gracias, niña" - dijo la vieja - "Que sepas que no soy una anciana sino un hada buena (y modesta) que me había vestido así para probar tu amabilidad, y como agradecimiento a tus buenas maneras te voy a dar un don, y ese don será que a partir de ahora mismo, cada vez que hables, de tu boca saldrán flores, diamantes y piedras preciosas". Y diciendo ésto, el hada desapareció.

Hija buena y ancianaY yo te concedo el don de echar flores cuando hables.

Como se había hecho tarde, la jóven apretó el paso y por fin llegó a su casa. Su madre le echó un bronconcio por llegar tan tarde y desatender sus demás quehaceres. "Lo siento pdof-pdof madre" - se disculpó la chica, y según hablaba le salieron de la boca un par de diamantones, dos rosas y tres perlas. "Uy hija, ¿cómo dices?". "Resulta pdof-pdof madre, que cuando pdof-pdof estaba...". "Espera, querida, espera que pongo un cubo aquí debajo de tu boca. Pero sigue, sigue hablando, cuéntale todos los detalles a mamá". La amabilidad de la viuda no tenía límites para con su odiada hija, y es que los diamantes no sólo son capaces de rayar cualquier otra piedra, sino también de ablandar cualquier corazón. La chica contó toda la historia sobre el hada mientras no paraban de salirle flores y joyas por la boca. De vez en cuando paraba un ratito para sacar alguna que otra gema que eran demasiado grandes como para salir solas de la boca al cubo.
"Y pdof-pdof eso es pdof-pdof todo". "Muy bien, hija, por qué no cantas un ratito alguna canción, pero espera, que cambio el cubo antes, mientras voy a ver que hace tu hermana".
La señora fue a hablar con su hija favorita y le dijo que debería ir ella a la fuente y dar de beber agua a la anciana hada que se le aparecería, y así también ella produciría pedruscos brillantes vía oral. "Si hombre, hasta allá me voy a ir yo. ¡No me da la gana!" "¡A callar, mal criada, y a la fuente porque lo digo yo!".
Todo el camino se lo pasó refunfuñando la hija mayor y cuando llegó a la fuente y empezó a llenar el cántaro, apareció por allí una bella princesa ataviada de blanca mantilla que parecía una rosa de té. La princesa le pidió que si por favor le podría dar de beber agua. "Sí hombre, hasta aquí me he venido yo para dar a la señora agua. ¿Que no quieres que se te caigan los anillos? Pues lo llevas claro si quieres que te de yo agua, yo sólo daré agua a la vieja. ¡A beber a morro tocan!" "Pues que sepas que no soy una princesa sino un hada buena (y modesta) que me había vestido así para probar tu amabilidad, y como castigo a tus malas maneras te voy a dar un don, y ese don será que a partir de ahora mismo, cada vez que hables, de tu boca saldrán sapos, serpientes y culebras". Y diciendo ésto, el hada desapareció.

Hija mala y ricachonaY yo te concedo el don de echar pestes cuando hables.

La hija mayor llegó corriendo a casa y cuando su madre le preguntó por lo que había pasado, ella contestó: "Pues verá pbalf-pbaltf madre..." Y mientras la chica decía ésto, le salieron por la boca una culebra y una rana que cayeron al suelo. "Agggg, ¡qué asco!" - gritó la madre - "¿Qué ha pasado? Pero, espera, no mires hacia mí cuando hables, mira hacia allá, por fuera de la ventana". "Pues yo pbalf-pbalf estaba en la pbalf-pbalf fuente..." y le contó todo lo sucedido a su madre, siendo escueta en la descripción porque tanto sapo y culebra saliendo por su boca le daban ganas de vomitar.
La viuda, convencida de que la culpa de lo que le había pasado a su hija preferida la tenía la hija menor, fue a pegarla. La pobre chica huyó de la casa y acabó refugiándose en el bosque. Y como suele suceder en estos casos, por allí precisamente pasaba un príncipe que volvía de una cacería y le preguntó a la jóven por qué estaba allí sola y por qué lloraba tanto. "Pues pdof-pdof verá usted pdof-pdof..."
La chica le contó toda la historia y el príncipe, que vio todos aquellos diamantes, gemas, perlas, rosas y azucenas que estaban a sus pies, se enamoró perdidamente de ella, y no dudó en proponerle en matrimonio y en presentársela a su padre el rey, puesto que no habría problemas de dote si le hacía leer en voz alta Crimen y Castigo.

Príncipe e hija buenaEl príncipe ha ve más que una joya en la chica.

En cuanto a su hermana, se hizo tan insoportable y aborrecible, que su madre, que no podía aguantar más el estar todo el día barriendo sapos y culebras fuera de la casa, acabó echándola del hogar. La chica corrió y corrió y no encontró a nadie que la aguantara ni que quisiera vivir con ella, así que se fue a un rincón del bosque a morir.

2 Comentarios:

  • Ay....a mí éste cuento nunca me ha gustado nada....
    No entiendo lo de los diamantes y flores saliéndole de la boca a la hermana buena, y mucho menos lo de los sapos y culebras a la mala....

    Como dices en el post, cada vez que alguna de las dos hablase, haría pdof pdof, o tosería...y además qué peligroso! Si habla en sueños pueden ahogarse.

    Las hadas madrinas, en vez de decir "Mira, como me has dado agua y has sido muy maja, te voy a abrir una super cuenta en ING Direct a alto interés...", no! Raca! Te convierto en una version medieval de un cajero automático que mola más.

    Además del rollito hermana buena-hermana mala...sembrando la discordia en la familia ya desde la guardería.....

    Por Anonymous Di, el 16 enero, 2007 15:46  

  • me parece muy lindo este cuento para que los niños puedan hacer teatro

    Por Anonymous Anónimo, el 25 julio, 2012 20:56  

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